domingo, 12 de agosto de 2012

Carne (I)


El bar explotaba, lleno de chicas, chicas nuevas, viejas, conocidas, desconocidas, todas con la misma idea, pasarla bien, entre todas, conocer a alguien, un poco de sexo o entablar una amistad o por lo menos una charla y cortar el tedio de los días de semana, el bar era especial para eso. Los miércoles se ponía, realmente se ponía.

La música sonaba fuerte y retumbaba en las paredes, no importaba el gusto musical que tuvieras siempre había algo que te gustaba sonando, que había onda. Estaban las mismas de siempre, esa mesa en el último rincón donde siempre había una cerveza para una amiga o una desconocida amigable, toda la onda, venían todas a saludar

El humo de un porro se olía por arriba de nuestras cabezas, la cerveza regaba sonrisas y alegrías, y las cartas marcaban la suerte de cada una.

Tu mirada se me escabullía por arriba de la mesa, tu sonrisa destilaba simpatía, pero a mi se me escapa; hoy, me dije, hoy es un día de suerte para mi, tiene que serlo.

Sonó fuerte la música y ví que tu mirada se desviaba para la pista, y el pie se te movía solo, vamos, te dije, vamos a bailar, que las cartas son para viejas, bailemos esta canción, me gustaba verte bailar, y aprovechar para tomarte de la cintura, girar y girar hasta marearnos, y reír como niños, qué diversión! Tal vez sólo era efecto del porro y del alcohol, a veces no quiero saber tanto.

Bailamos, tenía sed fui a buscar otra botella más, ya había perdido la cuenta de cuánto habíamos tomado, acaso importa? Hay algunas noches que son para descontrol, no pensar, dejar fluir, sentir…ya habrá momento para pensar y para arrepentimientos, por qué no?.



Y la música se lentificó, el ritmo cambiamos y me miraste y yo subí mis hombros como restando importancia, mi brazo te atrajo hacia mi, y mis labios rozaron tu cuello, mi perdición tu olor, volvimos a girar y me sacaste, volví a arremeter, ya me había hipnotizado tu olor y la suavidad de tu piel, giraste para encontrar mis labios. Y ese beso, el de los desesperados, el que tanto tiempo se había guardado, no se hizo esperar, tus labios tenían la perfecta medida para mi, y la perfecto humedad y la perfecta abertura tu boca, nos besábamos bailando y riendo, y abrazándonos, como cuando te reencontrás con algo que creías perdido o muerto, sí; muerto es la palabra, y esa alegría que desborda cuando así lo creías te asalta una noche de verano en un bar atestado de gente, esa alegría es desbordante.

Y el resto se convirtió en una mancha de ruidos y colores caleidoscópicos nada nos importo, esa sensación de que nos habíamos encontrado no fue ajena para ninguna de las dos.

La música paró, las luces se encendieron y la mirada nuestra fue y ahora como seguimos, nos fuimos a caminar, nos sentamos en la puerta de un local, la cortina de metal sonaba cada vez que nos tirábamos para atrás. Hablamos, mil cosas, me dijiste mil más, escuché solo algunas, mi mente te imaginaba sin ropas, y sí, la carne es débil, y a esa hora sólo un pensamiento carnal es lógico, el ardor de tus besos calentaba mis huesos y me mantenía despierta.

No queriamos que la noche terminara, pero a la vez sí, no sabiamos como seguiría esto y a veces el cambio, el cambio da más temor que agallas, con viejas excusas de señoras domingueras, te convencí de que me llevaras a tu casa, y bueno, una tiene sus trampillas listas para poder usar, el taxista nos miraba por el espejo retrovisor, yo te miraba de reojo, vos sonreias con la mirada perdida, entreveías las posibles complicaciones? A mi no me importaba nada, estaba dispuesta a disfrutar del momento.

Me perdí en las calles de Buenos Aires, desiertas, la hora era ese momento en donde todo parece cobrar otra forma de vida, todo parece en otra dimensión, con otro ritmo, Buenos Aires cuando duerme es otra ciudad totalmente distinta a cuando está despierta y poder verle esa cara es un milagro de los trasnochadores.

Tu casa es enorme, me mostraste tus perros, tus gatos, y miramos la luna llena por la ventana, sabíamos como seguir, pero no sabiamos si en ese punto queríamos seguir.

Volver para atrás era imposible, el viejo recuerdo de que en pocas horas tendríamos que estar trabajando nos golpeó con la realidad de ser mitad de semana.

Sólo para dormir, me dijiste y ni vos te lo creíste….tu pijama duró bien poco en tu piel, y mis manos menos tiempo quietas. Te subiste a mí y el ritmo enloqueció caderas y respiraciones. Fue un mar que nos devoró, un mar de calentura, y el orgasmo no tardó en llegar, la fugaz visión de tu cara encima de mi, aún me persigue en ciertas noches de soledad, te desplomaste encima de mi cuerpo y no pude hacer otra cosa que abrazarte. Te dormiste, y al rato yo también, nos desmayamos, todo había sido demasiado fuerte y pagamos las consecuencias de la carne y los excesos. Nos dormimos sabiendo en el fondo que no se iba a repetir, que no se debía repetir, hay algunas urgencias que es mejor no satisfacer.

Tu carne quedó en mi recuerdo quemándome la retina, urgiendo mi carne en una nueva necesidad nunca antes entrevista. Fue un vicio satisfacerla esa noche, pero a veces no se puede luchar contra la naturaleza humana, en el fondo seguimos siendo animales en busca del fuego.

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