En un pueblito muy lejano rodeado de un bosque muy tupido vivía en la cabaña más cercana a los viejos árboles que vieron nacer el pueblo, una niña, una niña, alta delgadísima con el pelo negro como lo noche, el cual siempre se lo ataba con una colita, pero su pelo era tan lacio que rebelde se le escapaba y la colita le caía floja siempre.
Vestía siempre con unas medias de todos los colores, rojos azules y amarillos se mezclaban en sus pies en una fiesta. A pesar de tener otros pares de medias ella siempre se ponía esas, la madre la retaba le decía que se las cambie, que había que lavarlas, que todos los días con la misma ropa no era de una niña educada
- Pero mamá a mi me gustan mucho y no están tan sucias - le contestaba jugando desde el patio de la casa.
Uno de sus juegos preferidos era explorar el bosque que comenzaba a pasos de su casa, todas las tardes comenzaba a caminar adentrándose hasta un claro donde había un lago muy pequeño, un poco más grande que un charco, pero lo suficiente como para que ella se pudiera refrescar los pies sentada en un tronco caído que había en su orilla. Y pasaba horas ahí jugando con los pececitos con los dedos de los pies, ella reía con sus cosquillas siempre, hasta que caía la tarde la niña se la pasaba en el bosque y por más consejos de su madre diciéndole que el bosque es peligroso, ella nunca la escucho, más nunca vio a ningún animal que le hiciera temer.
Una de las tardes en que ahí estaba, de pronto se asustó pues vio venir hacia donde ella estaba una serpiente de muchos colores, brillantes colores, como los de su media. Podía escuchar el siseo que hacía con su lengua, hipnotizada estaba la niña, viéndola acercarse cada vez más hacia donde estaban sus zapatos, sus medias.
La nena estaba muy asustada porque la madre siempre le decía que tenga cuidado con las serpientes del bosque, que algunas cuando picaban podían matar. Del miedo se congeló no podía ni respirar, hasta que algo la sacó del trance y Salió corriendo a esconderse detrás de un árbol.
Desde ahí pudo ver como la serpiente se fue acercando hasta una de las medias y como se fue enrollando alrededor de ella con sumo cuidado y muy despacio tratando de ver que nada le pase a la media, cuando esta bien asida a ella, se va reptando tranquilamente entre las hojas caídas de los árboles.
Y la verdad es que todas esas tardes en que la niña iba al lago, la serpiente estaba ahí escondida , observando, en silencio, se había enamorado de las medias de la niña, de sus colores brillantes a sus febriles ojos era una serpiente hermosísima de colores brillantes que lo atraían terriblemente. Hasta ese día nunca se movió de su escondite, hasta esa tarde en que se animó a salir del escondite en busca de su amor, la media.
La serpiente sigue en su cueva, ahora compartida con la media en una felicidad absoluta, la niña al no tener más esas medias, pudo ver que tenía otras muchas más e incluso mucho más bonitas que las perdidas y la madre cambiando el concepto de las serpientes, esta contenta porque al fin su hija puede cambiarse las medias con asiduidad y no ha tenido más fanatismo por ninguna de sus prendas de vestir
3 comentarios:
me gustó. sobre todo la serpiente enamorada de la media!
pero lo de atras, lo que se dice, también.
salutes
gracias talita, gracias por leer, por comentar y por seguir pasando
Saludos para usted!
¡Muy bueno!
pensamiento (co)lateral: la madre de la nena encantada. Pero la serpiente debe estar un poco desorientada ¿confundir una media con una amadx?
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