martes, 4 de diciembre de 2007

no existen los adios

Elsa y Alfredo tenían de esos amores que no dan respiro, de esos en donde la pasión quema todo a su alrededor y a ellos mismos. Se habían conocido en el liceo, ella iba a cuarto año, él era el hermano de su mejor amiga, una vez, cuando él fue a buscar a su hermana, sus miradas se cruzaron y en ese mismo momento presintieron ambos que no podrían estar el uno sin el otro.
El tiempo pasó, ella iba a visitar asiduamente a su amiga a su casa, la excusa perfecta para encontrarse en los pasillos oscuros del caseron de boedo por Alfredo.
Su amor era enorme y nada podía detenerlos, Alfredo le propuso matrimonio apenas egresada, el contaba con apenas 21 años, pero la fuerza de su amor, le hacía invencible para vencer cualquier obstáculo que lo alejara de Elsa.
Pero , lo impensado , pasó, la guerra estalló, y Alfredo partió a tierras lejanas a luchar una batalla que no le pertenecía.
Alfredo nunca volvió. El combate fue cruento e interminable, hubo muchos que nunca más volvieron, Alfredo fue uno más, pero no para ella que lo esperaba, ella que releía sus cartas una y otra vez, para ella que lo esperaba mientras cocía su vestido de novia, mientras soñaba con entrar a la Iglesia, verlo ahí esperándola todo serio con su traje, y la vida juntos y los niños que vendrían, lo esperaba soñando ese futuro juntos que habían deseado desde el primer cruce de mirada, años atrás.
Elsa nunca volvió a casarse, los años pasaron y se fue quedando sola en su casa de la niñez.
Se fue volviendo huraña y los vecinos hablaban por lo bajo que hablaba sola, siempre estaba murmurando cosas cuando salía, y hacía ademanes como si hablara con una persona, que nadie más veía.
Invisible para ellos. Alfredo había vuelto, hacía muchos años, la acompañaba a hacer las compras, y la ayudaba a regar las plantas del patio, le decía cosas hermosas en la cama enorme, la había acompañado cuando los padres asustados por el deterioro de su hija, decidieron un cambio de aire y la llevaron a la costa, Alfredo la acompaño mientras hacía su duelo de mujer enamorada.
Y Fue Alfredo quien la espero, serio y erguido, preparado desde el amanecer de esa mañana gris de otoño luego de muchos años, para llevársela con él a otro lugar donde podrían volver a sentirse sus caricias y sus besos, donde no la trataran de loca por hablar con él, donde la dicha de ese amor resplandecería como nunca antes.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

me enkantoo!! si lo escribiste vos! la verdad te admiroo!

me enamore d tu escritura!enserio!

muchios beshos!

pasa x mi blog!

http://zpik.blogspot.com


beshos!

lola dijo...

je! claro que lo escribí yo!
nos vemos

Julio Ferrand dijo...

quizás lo que la haya enloquecido sea la presión de saber que alguién la espera en un espacio distinto, el tiempo deja de existir, no hay espera más larga que aquella que es inevitable. esta lo era? quién sabe, puede que sea ella la única culpable de su letargo, o de su tozudez con respecto a la vida.

saludos atemporales. bella historia para debatir.

Anónimo dijo...

hola! k tal? pasé por tu blog y ... de paso, te invito al mío : www.madomartinez.com